Las aves y el bosque

Un estudio científico señala que son cada vez menos las aves que habitan en el bosque de caldén y que muchas de ellas alteran sus hábitos para poder sobrevivir.

El bosque de caldén está cambiando y lo saben las aves, que añoran los viejos árboles y las grandes extensiones de verde que se perdían en el horizonte.

Desde principios del siglo XX el hombre parece haberse empeñado en borrarlo de la tierra en nombre del progreso. Así, con hacha o motosierra, la frontera agropecuaria y la urbanización

Vivir divididos
El problema, según dicen los especialistas, es que, cuando el bosque se parte, la vida en su interior no es la misma.

Ramón Alberto Sosa hace tiempo que está estudiando los efectos de la fragmentación. Durante años viajó a los campos donde fragmentos de bosques conviven con campos cultivados.

Docente universitario y licenciado en recursos naturales, tomó registros de temperatura, humedad y radiaciones dentro y fuera del bosque. Observó la vegetación y sus cambios y estudió detenidamente los hábitos de las aves.

“Es muy poco lo que se conoce del proceso de fragmentación en nuestro país”, aclara Sosa. Según explica, consiste en la división de un hábitat continuo, como es un bosque, en fragmentos o parches más pequeños. “Cuando esto sucede, muchas especies se extinguen localmente, otras, por el contrario, se reproducen, hay especies nuevas…, existen muchas respuestas a la fragmentación, pero los efectos más comunes no son buenos”.

Las aves
En la provincia de La Pampa existen unas 250 especies de aves, más del 25% de las contabilizadas en nuestro país. De ese total, las que viven en el caldenar son unas 130 especies.

“Existen especies de aves cuyo hábitat natural se encuentra en el corazón del bosque, mientras que otras lo tienen en los bordes o márgenes. El problema es, que cuando se fragmenta el bosque, crecen las áreas de borde y esto permite la proliferación de determinadas especies sobre otras”, explica Sosa.

El estudio demostró que el efecto en la vegetación es contundente. En las orillas, donde hay ausencia de árboles, hay también una mayor incidencia de la luz que beneficia a determinada vegetación. Esta a su vez, atrae insectos herbívoros y tras ellos las aves insectívoras con sus correspondientes depredadores.

Si este ejemplo se multiplica por los miles de parches y bordes que hoy existen en el bosque de caldén, entonces el asunto preocupa. Un pequeño cambio apenas altera una variable, pero sumado a otros, la situación se hace más compleja y las variables pasan a ser inmanejables.

“No existen muchos estudios, por no decir que no hay estudios que certifiquen que la fragmentación y la proliferación de ambientes de bordes provoquen cambios en la cantidad de especies que habitan el bosque e incluso en la población de cada una de ellas”, aclara el docente. Por eso su trabajo se centró en estudiar esos efectos y sus consecuencias. “El relevamiento y la sistematización de datos permitió conocer qué especies de aves existen en la actualidad en el caldenar”, agrega.

“Una de las especies más afectadas por la fragmentación es el cardenal amarillo”, señala contundente Sosa. “Por ejemplo, hasta hace unos 20 años se lo podía ver en la Reserva Provincial Parque Luro. Pero hoy ya no, y no es una casualidad que ahora esa área protegida sea un gran fragmento rodeado por campos sembrados”.

Según el investigador, defender al bosque de caldén es algo más complicado que una cuestión de superficie. “Es un ecosistema complejo donde no sólo la cantidad de hectáreas es importante, también las condiciones de vida en su interior. Estamos hablando de nuestro capital natural”.

Texto: Pablo D'Atri
Ilustración: Bibi González
Publicado en la publicación ECO (abril 2009)



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